A continuación les comparto una pequeña cápsula informativa acerca del Día de Muertos.
Voz y guión: Beter
Producción: Emil
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Agradecimientos especiales a Ericoy, Emil y Román.
Espacio dedicado a la divulgación de noticias, historias, reclamos, quejas y todo lo que se quiera expresar.
A continuación les comparto una pequeña cápsula informativa acerca del Día de Muertos.
Voz y guión: Beter
Producción: Emil
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Agradecimientos especiales a Ericoy, Emil y Román.
Hay que celebrarlo porque es una forma de recordar quiénes somos y de dónde venimos, de venerar a los seres que materialmente ya no existen y de rendir culto al recuerdo de lo que fueron. Es, además, una fecha que nos hace reflexionar sobre la gran riqueza cultural de México, pues cada región del país tiene su propia percepción sobre la muerte y una manera muy característica de celebrar esta festividad.
¿Cómo celebrarlo?
La mejor forma de celebrar este día es simplemente recordando a todas aquellas personas que han fallecido y que tanto extrañamos. No es un día triste, por el contrario, hay que estar contentos, pues las creencias dicen que este día vienen a visitarnos las ánimas de los difuntos para convivir con nostros, por lo que es necesario preparar algunos alimentos y colocarlos, al igual que agua, fruta, pan y todas aquellas cosas que tanto disfrutaban en vida, en una ofrenda o altar. Quizás puedes agregar algunos retratos, papel picado, flores de cempasúchil y copal para guiar su camino.
¿Adónde ir?
La Cihuacóatl, leyenda de la Llorona en Xochimilco
- El embarcadero Cuemanco es la sede para llevarse a cabo el espectáculo de danza, música, teatro luz y sonido "La Cihuacóatl, Leyenda de la Llorona" que tiene como fin difundir la riqueza cultural de Xochimilco y narrar una de las más famosas leyendas del México antiguo: La Llorona.
Este espectáculo permite a los visitantes redescubrir la belleza de los canales de la zona de rescate ecológico, ya que se tiene como escenario natural la Laguna de Tlilac en el Centro de la Chinampería.
Como cada año, este espectáculo se presenta durante octubre y noviembre, así que podrás asistir los días: 27, 28 y 31 de octubre, así como el primero 2, 3, 4, 9, 10, 11, 16, 17, 18, 23, 24 y 25 de noviembre, en el embarcadero de Cuemanco.
Aquí podrás ser testigo del llanto de esta mujer que lanza sus lamentos al borde los canales de Xochimilco.
Las funciones son a partir de las 18:00 horas, en Periférico Sur a un costado de la Pista de Remo y Canotaje "Virgilio Uribe", en Cuemanco. El costo del boleto es de $150 pesos y lo puede adquirir en la taquilla del embarcadero, o bien comunicarse al 532 59 000.
Por cierto, se recomienda ampliamente llevar repelente para mosquitos y abrigo.
- Otra atractiva opción es visitar Ciudad Universitaria para ver las ofrendas y altares que colocan los estudiantes de las diferentes facultades a lo largo de lo que se conoce como las "islas", que abarcan desde la Rectoría y hasta la facultad de medicina.
En esta celebración cada comunidad estudiantil rinde culto a personajes académicos, artísticos y representativos de la cultura mexicana a través de la colocación de ofrendas que se caracterízan por su colorido y creatividad. Además, también hay obras de teatro, lectura de calaveras literarias, poesía y montaje de otro tipo de expresiones alternativas.
Podrás visitar esta exposición el 1 y 2 de noviembre. La entrada es gratuita.
En el Corazón del Mictlán- El Gobierno del Distrito Federal realizará el festival En el corazón del Mictlán en el zócalo capitalino. Se trata de un espectáculo que reconstruirá la celebración a través de ofrendas, artistas, narradores y músicos de los barrios más representativos de la ciudad; además de concursos de ofrendas y calaveras literarias.
La celebración se realizará del 31 de octubre al 3 de noviembre, desde la mañana hasta al anochecer en el zócalo de la ciudad.
- Se trata de una exposición de arte urbano que unirá a diferentes disciplinas artísticas, pues se exhibirán 50 piezas en forma de las tradicionales calaveras de azúcar, las cuales a su vez sirvieron de lienzo a los artistas y al público en general que participó en la convocatoria realizada por el gobierno del Distrito Federal.
Este evento también contará con el montaje de 200 lienzos con diseños que terminarán de dibujar el paisaje alusivo al Día de Muertos.
Las obras serán colocadas al aire libre a lo largo de la avenida Paseo de la Reforma, desde la glorieta de la Palma hasta la altura de la Torre Mayor y usted podrá visitarla gratuitamente del 1 de noviembre al 15 de diciembre.
Para más información puedes revisar el sitio www.calaverasenreforma.com.mx
- Uno de los puntos más representativos durante esta festividad es la celebración del Día de Muertos en San Andrés Mixquic, al suroriente del Distrito Federal, en la delegación Tláhuac.
Debido a que en este lugar la esencia del Día de Muertos ha permanecido casi intacta, su relevancia ha trascendido las fronteras del país, por lo que Mixquic es referencia obligada en esta celebración.
En este lugar las familias se dan a la tarea colocar los altares para muertos y de preparar las ofrendas con las que han de recibir a los difuntos en su antiguo hogar. Según la creencia popular, las ánimas empiezan a llegar al pueblo el primero de noviembre a las 12 del día, cuando el sol pasa por el cenit.
El día 2 a las 4 de la tarde, se escuchan las campanas del convento Agustino y las familias de Mixquic se dirigen en silencio al cementerio en donde adornan con flores de cempasúchil las tumbas de sus familiares; posteriormente encienden veladoras y copal para rezar por las almas de sus parientes fallecidos y permanecen ahí un largo tiempo.
1 y 2 de noviembre son los días más recomendados para visitar Mixquic, ubicado en la delegación Tláhuac, al suroriente de la ciudad.
- Fuera de la ciudad, otro de los estados más representativos en estas fechas es Michoacán, en donde la tradición se convierte en todo un acontecimiento en la región del Lago de Pátzcuaro, en donde desde épocas ancestrales las comunidades indígenas llevan a cabo la velación de los familiares que ya han muerto.La celebración más conocida se realiza en la isla de Janitzio y los festejos inician el 31 de octubre con la cacería de patos que servirán de alimento para la ofrenda. Después, el primero de noviembre, se colocan cuidadosamente los altares de los Angelitos, dedicado a los niños difuntos y al día siguiente comienzan las celebraciones para los adultos.
- Leyendas, tradiciones, cuentos, música y artes plásticas serán incluidas en el Festival de las Calaveras, evento cultural que se realizará en la Ciudad de Aguascalientes del 19 de octubre al 4 de noviembre.
Este festival se realiza en honor del maestro José Guadalupe Posada, quien recreó y enriqueció a través de sus grabados la tradición del Día de Muertos, por ello, dentro del mismo evento se lleva a cabo el Concurso Nacional de Grabado "José Guadalupe Posada".
El festival incluye recorridos turísticos por el Centro Histórico y los barrios típicos, exposiciones de pintura, grabado y fotografías, eventos musicales, obras de teatro y los altares de muertos acompañados por las humorísticas "calaveras" literarias.
También se realizará el Desfile de las Calaveras, en el que podrán admirarse un sinnúmero de estampas alusivas a los muertos.
Además, por primera vez, el Festival contará con un país invitado: China, cuya delegación presentará cuatro eventos.
La invitación es en Aguascalientes y estará hasta el 4 de noviembre.
El origen
Todo hace suponer que esta tradición comenzó hace muchos años durante la creación de aquellos mitos y leyendas surgidos de la relación que las personas hacían entre los fenómenos inexplicables asociados a la naturaleza. Para la gente que vivió en este territorio –muchos años antes de la llegada de los españoles y de que fuera llamado México– existía el mito y la creencia de que los fallecidos viajaban al Mictlán (Lugar de los Muertos) donde vivirían eternamente. El miedo a la muerte no era común, y por el contrario, se creía que era una virtud.
Mictlán es el Lugar de los Muertos y se trata de un territorio mítico ubicado en el noveno y más profundo de los niveles del inframundo. Se pensaba que allá iban todos lo que morían de muerte natural junto con el espíritu de un perro que era incinerado y enterrado junto a la persona fallecida, pues este fiel animal habría de acompañarle en su viaje entre las montañas, desiertos, colinas, ante animales salvajes, fuertes vientos y un río de nueve aguas al cual le ayudaría a cruzar para poder llegar hasta el Mictlán, donde finalmente el difunto se presentaría con su señor Mictlantecuhtli y su señora Mictecacihuatl quienes reinaban en el Lugar de los Muertos.
Sin embargo, a la llegada de los españoles y su evangelización, este tipo de tradiciones sufrió cambios durante el proceso de culturización occidental. Ejemplo de ello es la imposición de festejar el Día de Muertos durante el 1 y 2 de noviembre, cuando en realidad, dicha celebración a la muerte se llevaba a cabo según el calendario azteca o la época, pues era la única celebración que se realizaba en tiempos de cosecha cuando predominaba la abundancia y no la escasez. Por otro lado, se integraron nuevos elementos en los ritos, como lo son piezas e imágenes provenientes de la religión católica, a los cuales hoy en día también se les rinde culto.
En la actualidad el Día de Muertos conserva muchas raíces prehispánicas, pero también influencia de un proceso de culturización de más de quinientos años. De cualquier manera, nuestra sociedad es el resultado de estos procesos de construcción históricos que se manifiestan a través de las tradiciones y las creencias. Quizás en este momento no pensamos en el Mictlán como el lugar al que podríamos llegar después de fallecidos, pero sí conservamos nuestra manera de rendirle homenaje a la muerte, de celebrarla, de respetarla y de encontrar todas las respuestas que buscamos a través de la memoria de quienes se nos han adelantado en el camino.
Ofrendas a la muerte
Se realizan distintas maneras de celebrar esta costumbre que pueden variar entre sí dependiendo de la región y de los antecedentes culturales. Sin embargo, existen ciertos elementos y ritos que necesariamente deben de ser tomados en cuenta durante la celebración, ya que éstos son esenciales en el recuerdo de los difuntos y en la manera como deben de ser guiados en su retorno y en su partida, como se cree que ocurre durante los días 31 de octubre, y el 1 y 2 de noviembre, fechas en los que se rinde culto a la muerte y a los difuntos a través de una ofrenda.
Es casi el final de octubre y la gente va a los mercados a buscar aquellos ingredientes que sólo en una fecha como ésta se pueden encontrar. Todo va desde la flor de cempazúchitl amarilla, hasta el copal que, con su olor, habrá de guiar a las ánimas a que encuentren el camino de regreso a casa en donde visitarán a quienes siguen con vida. Por ello, se busca el mejor lugar de la casa, por si llegan visitas inesperadas u otros invitados que no fueron recordados en sus hogares. Pero eso no importa, porque siempre habrá lugar para un difunto más.
La gente sabe que es necesario sacar los viejos retratos. Aquellos en donde aparecen los abuelos, o bisabuelos, o tatarabuelos, o lo que sean, pues con el pasar del tiempo, quizás ni ellos mismos saben lo que ya son. Junto a los retratos también colocan el tequila, los cigarros, la guitarra y quizás, hasta una vieja pistola que, con suerte, fue utilizada durante los combates de la revolución.
Seguramente los invitados llegarán hambrientos, pues el camino es sumamente largo, así que no hay celebración sin un buen banquete cocinado para el deleite de quienes consumen la esencia de los alimentos. Hay fruta, pan, dulces típicos, agua, tamales, mole, arroz, pozole, pollo y una gran variedad de alimentos propios de la región.
Se tiene la creencia de que el día 31 de octubre llegan los que murieron siendo niños. Al día siguiente, después del medio día, hacen su presencia las ánimas de los difuntos adultos quienes permanecen hasta el 2 de noviembre cuando habrá de iniciar el regreso al Lugar de los Muertos, como se creía en la cultura azteca, o al paraíso, como es sabido en la actualidad a través de la religión católica.
Cada vez hace más eco la posibilidad de que sean las tierras de San Francisco Tlaltenco y de Santa Catarina Yecahuizotl las más viables para construir en ellas un "relleno sanitario" en la delegación Tláhuac, tal como lo anunció en días pasados el Gobierno del Distrito Federal, encabezado por Marcelo Ebrard, cuya construcción está prevista para el mes de dicimebre, situación que tampoco ha sido descartada ni desmentida por el jefe delegacional, Gilberto Ensástiga.
Ante la noticia, grupos de ejidatarios y de pobladores en general se han dado a la tarea de manifestarse en contra de tal posibilidad que, bien o mal, afectará en gran medida la vida diaria de esta delegación, la cual durante muchos años ha carecido de un verdadero plan de desarrollo que saque a la región del rezago en todos los sentidos en el que se encuentra.
La apertura de un basurero en tierras consideradas como un área natural protegida por la Secretaría del Medio Ambiente, lo cual prohíbe su deforestación o destrucción a través de la construcción de cualquier tipo de inmueble, contrasta enormemente con el anuncio que el GDF hizo hace unos meses, en la que informó que se realizará la introducción de la Línea 12 del Metro que, como sabemos, conectará a Tláhuac con Mixcoac, situación que contribuirá en gran medida a ampliar las vías de comunicación de la delegación.
Ojalá que las autoridades -gobierno y delegación- mantengan su palabra y NO busquen intercambiarle a la población un proyecto por el otro y que se mantenga en pie el proyecto de la Línea 12, sin importar si se lleva a cabo o no la construcción del basurero, pues la solución a problemas tan graves como la falta de desarrollo y la contaminación ambiental no debe de resolverse a través de chantajes, tanto por autoridades como de pobladores.
"Estamos recabando firmas..."
Al llegar a la tienda me percaté que una señora escribía sobre una hoja dejada deliberadamente sobre el mostrador para que fuera advertida por la gente. Rápidamente pude notar que era una hoja con un formato dispuesto a recabar opiniones y firmas con respecto a la construcción del basurero. Constaté que eran aproximadamente quince nombres en la primera hoja, mismos que en su totalidad se oponían al basurero.
Inmediatamente pensé en cuál sería mi opinión al respecto, y llegué a la conclusión de que es un problema que no se puede tomar tan a la ligera, pues a decir verdad, no me gustaría que un basurero se convirtiera en el paisaje cotidiano del lugar en donde he vivido toda mi vida, pero por otro lado, la contaminación y la basura es un problema que nos involucra a todos como ciudadanos.
Justo en ese momento, la señora que acababa de expresar su negativa al basurero en la lista, pidió un par de pañales desechables, y por más banal o escatológica que pueda parecer mi reflexión, pensé en el destino de esos pañales después de que su función primigenia haya sido realizada. Seguramente irían a parar a un basurero que, afortunadamente, está invadiendo el espacio de otras personas y no el mío.
A lo que me refiero es que si la basura y la contaminación es un problema que nos involucra a todos como sociedad, entonces ¿qué estamos haciendo -en lo colectivo y lo individual- para evitar que se abran basureros de este tipo por toda la ciudad?; ¿reciclamos?; ¿evitamos tirar papeles y colillas de cigarro en la calle?; ¿separamos la basura?; ¿consumimos sólo productos desechables que tardarán cientos de años antes de biodegradarse?
-Estamos recabando firmas para que no se construya el basurero aquí en Tlaltenco- me informaba la dueña de la tienda mientras despachaba mi pedido.
Olga, Carlos, Oscar y Juan José relatan que la discapacidad de una persona está en su estado físico y no en su condición de seres humanos.
La primera vez que vi a Carlos García fue hace más de un año, cuando llegó a mi casa buscando a mi madre para que le diera una consulta médica. Anteriormente ya había escuchado hablar un poco sobre él: un ingeniero en sistemas computacionales, con una vida como cualquier otra, con esposa e hija, al frente de una empresa y conduciendo todos los días un automóvil como cualquier otra persona. Sólo hay algo en él que lo hace distinto a los demás: padece parálisis cerebral.
Ese día, hace más de un año, sólo pude verlo a lo lejos cuando hacía una llamada con su teléfono celular, y aunque no crucé palabra alguna con Carlos, desde ese momento nunca desestimé la posibilidad de entrevistarlo en alguna ocasión. Supe que el día llegaría tarde o temprano…
La pérdida de Gaby Brimmer
Una repentina tormenta comenzó a caer durante un sábado por la noche mientras conducía hacia mi destino. La cita era a las diez de la noche en una casa ubicada en la colonia La Mesa, perteneciente al pueblo de Santa Catarina, Tláhuac. La lluvia no cesaba de caer y eso imprimía una atmósfera diferente.
A cada metro que avanzaba entre las estrechas calles del pueblo, mi mente intentaba recordar toda la información que había investigado para tratar de acercarme un poco más a la problemática. Sabía que hablar sobre discriminación implicaba abordar temas como el racismo, la marginación, la pobreza, la desigualdad y el rechazo social; hablar sobre las diferencias físicas o ideológicas de una persona, ya sean mujeres, ancianos, indígenas, migrantes, niños, discapacitados, homosexuales o lesbianas. Sin embargo, había algo que aún no comprendía y que hasta ese momento todavía ignoraba, en el sentido de que no se puede entender el lado humano de un problema social como la discriminación tan sólo leyendo estadísticas e informes institucionales, definiciones y conceptos, sino escuchando de viva voz a aquellas personas que alguna vez la han padecido.
Llegué con algunos minutos de sobra a la casa del ingeniero Carlos García, tiempo suficiente para que la lluvia dejara de caer tan fuerte. A las diez en punto de la noche por fin pude estar frente a frente con Carlos y saludarlo. Hombre de treinta y cuatro años, de estatura media, complexión delgada, tez morena, con bigote ralo y cabello poco desaliñado, amablemente me invitó a pasar a su casa. Ambos llegamos a una habitación en la que se encontraba una pequeña niña de aproximadamente ocho años y de nombre Karla, quien sostenía en sus manos una máscara hecha al parecer con yeso. Rápidamente me explicó que se trataba de una artesanía que ella misma había elaborado en un taller de artes pláticas al que asiste todos los domingos. Con mucho ánimo y orgullo, Carlos no dudó en mostrarme otras cosas que la pequeña Karla había fabricado. Él mismo me platicó que el profesor de artes plásticas de su hija era un artista que se dedicaba a enseñar a los niños a cómo desarrollar sus habilidades creativas a través de las artes plásticas.
El ingeniero se disculpó por unos momentos y salió de la habitación. Mientras él regresaba no perdí la oportunidad de acercarme a la pared que más llamó mi atención. Llena de retratos, pude ver que de ésta colgaba una fotografía que, deduje, simboliza la ruptura de las creencias más comunes y tontas de quienes ignoramos la magnitud de la discriminación: las personas con discapacidad física no pueden casarse, no pueden tener hijos, no pueden formar una familia y no pueden ser autosuficientes.
Diez años han pasado desde que Carlos y su esposa Olga Huitrón se casaron, lo cual pude constatar al ver a ambos con sonrisas en sus rostros, ella vistiendo un vestido blanco y él un smoking negro, abrazados y dirigiendo su mirada hacia la lente que capturó ese momento tan especial para ambos.
–Hace diez años que nos casamos –dijo Olga mientras hacía su aparición en la habitación. –En esa foto todavía era guapa –agrega en tono de broma y riendo.
Olga tiene treinta y cuatros años de edad. Es delgada, de tez blanca, cabello lacio y castaño claro; ella es quien administra la casa, se encarga de la pequeña Karla y además también trabaja al lado de su esposo, en una empresa de sistemas computacionales que el mismo Carlos dirige. Al igual que él, Olga tiene parálisis cerebral.
Me invita a seguir observando las fotos, pero sobre todo una en especial. En ésta veo nuevamente a Olga y a Carlos afuera de una iglesia el mismo día de su boda, sólo que acompañados de una mujer en silla de ruedas.
–Ella es Gaby Brimmer y fue nuestra madrina de bodas –sentenció Olga.
Ya había escuchado ese nombre con anterioridad, sólo que en ese momento no recordé que justamente había sido en una película que llevaba su nombre: Gaby Brimmer, la verdadera historia.
Al igual que Carlos y Olga, Gabriela Brimmer nació con parálisis cerebral, situación que la obligó a permanecer en una silla de ruedas durante toda su vida. No obstante, sólo le bastó su pie izquierdo para escribir poesía con una máquina de escribir, lo que la llevó a estar siempre activa en el mundo de la literatura y ayudando a otras personas con discapacidades físicas a través de conferencias. Gaby Brimmer hizo historia gracias a su trabajo.
Por un momento a Olga se le borra la sonrisa y lamenta la pérdida de alguien que significó mucho para ella. Gaby Brimmer murió el 3 de enero del año 2000, en un día de invierno como alguna vez lo escribió en uno de sus poemas: “Quiero morir en un día de invierno gris, feo y frío, para no tener tentación de seguir viviendo. Moriré en esa época del año, porque de todo el mundo he recibido frío. Quiero morir en invierno para que los niños hagan sobre mi tumba muñecos de nieve”.
¿Qué mejor ejemplo?
Pasaron algunos minutos antes de que los tres estuviéramos sentados alrededor de una mesa redonda. Carlos se colocó frente a una computadora portátil, a mi lado izquierdo, mientras que Olga se acomodó del lado contrario. De alguna manera tenía que comenzar con mi labor. Temía ser demasiado incisivo con mis cuestionamientos, o simplemente no tener el tacto necesario para preguntar cosas que quizás son muy personales o íntimas:
–He venido a ustedes porque considero que su vida es un ejemplo a seguir –dije a mis anfitriones tratando de justificar mi presencia. –Sobre todo porque ustedes tienen capacidades diferentes o especiales…
–Somos discapacitados, porque tenemos una discapacidad física –Carlos aclaró contundentemente al escuchar mi explicación. –La discapacidad física es algo que limita o impide el desempeño motor de una persona, por lo tanto somos discapacitados –agregó.
–Eso de las capacidades especiales es parte de la mercadotecnia que llegó con el Teletón, pero no está bien –dijo Olga.
–Para poder hablar sobre discriminación hay que nombrar las cosas por su nombre, como la discapacidad física –dijo Carlos.
–¿Cuál es la opinión que ustedes tienen sobre organizaciones como el Teletón y sus centros de rehabilitación? –pregunté.
Carlos no puede evitar sonreír.
–En términos fiscales en un buen negocio para no pagar impuestos.
–Juegan con las emociones de la gente para que aporten dinero –concluye Olga.
Sólo llevaba unos minutos en la casa de mis anfitriones, sin embargo, rápidamente me transmitieron su confianza y apertura para continuar hablando abiertamente sobre el tema, así que le pedí a Carlos que me contara si en algún momento tuvo que enfrentarse al estigma de la discriminación y qué tan difícil había sido afrontar tal situación.
Carlos me respondió que se siente un hombre con mucha suerte, pues durante su infancia y su estancia en los primeros años de escuela nunca se sintió discriminado. Desde muy pequeño asistió al Centro de Rehabilitación Zapata –actualmente llamado Gaby Brimmer– en donde estudió primaria y secundaria. Al graduarse ingresó a la Prepa 6, Antonio Caso, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en donde no tuvo problemas de discriminación, pues dice que siempre estuvo rodeado de amigos que le echaron la mano. Al terminar la prepa, fue recibido en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, lugar en el que por primera vez tuvo que hacer frente a la discriminación.
–En esa ocasión quienes me discriminaron fueron los académicos. Incluso esa vez no terminé la universidad en gran medida por ellos.
–¿Por qué lo dices? –pregunté.
–No se trata de echarles la culpa, pues hay que entender que no están preparados para enseñarle a personas con discapacidad. Tenía que llenar hojas y hojas de ecuaciones, cálculo y operaciones, pero yo no podía escribir tan rápido y ahí sí mi discapacidad me venció –se lamenta.
Pero si algo ha aprendido Carlos en esta vida, ha sido a no rendirse y continuar adelante sin titubear, aceptando su situación y “sin caer en la autocompasión” como él mismo refiere.
–Si no pude ahí, entonces tenía que intentarlo en otro lugar. Siempre le he hecho así.
–¿Qué te llevó a pensar de esa manera? –intervine.
–Gran parte se lo debo a mi madre. Ella siempre me enseñó a ser así, a no rendirme. A ella jamás la vi echarse para atrás.
Carlos narra su infancia rodeada de situaciones adversas como la pobreza y el alcoholismo. Siempre fueron muy humildes y por ello recuerda a su madre invariablemente trabajando y vendiendo tortillas para sacar a su familia adelante.
“Mi mamá hizo su casa de dos pisos ella sola vendiendo tortillas en Oaxaca, entonces dime si no es un ejemplo. Ella sigue trabajando, no gana mucho, gana para subsistir. [En una ocasión] llegó una señora que no tenía ni para comer, entonces mi mamá sacó de su alacena la mitad de su frijol y la mitad de su arroz y se lo dio. Entonces yo debo de seguir su ejemplo. Todo se lo debo a la enseñanza de mi madre. Jamás la he visto echarse para atrás. Ella compró todo este terreno de aquí a la esquina, ella sola puso su casa, tiene un terreno en la playa, creo que ya hizo otra casa. No tengo más ejemplo que ella.”
Quizás el contraste lo vivió con su padre, quien se volvió alcohólico poco después de que Carlos naciera. Así duró diez años en las calles con los llamados “comandos de la muerte”. Actualmente lleva veinte años sin beber una sola gota de alcohol.
Carlos es originario del centro de Oaxaca, pero se trasladó junto con sus tres hermanos y sus papás a la ciudad de México cuando él todavía era pequeño, por eso él se siente sumamente orgulloso de sus raíces y dice ser descendiente de indígenas zapotecas.
El estigma de la figura paterna
El zaguán de la puerta principal se escuchó e instantes después la puerta de la habitación en la que estábamos se abrió. Eran Juan José López y Oscar Reyes, grandes amigos del matrimonio García Huitrón quienes habían llegado para unirse a nuestra conversación. Rápidamente se presentaron y se acercaron a la mesa redonda.
El tono formal iba diluyéndose para convertirse en toda una discusión acerca de las experiencias personales ante la discriminación. Cada uno de ellos tenía muchas cosas que contar sobre las diferentes formas como habían sido discriminados, en las diferentes situaciones y circunstancias, pero siempre con un común denominador en cada una de sus historias: el papel de la familia.
Aunque no se perciba a simple vista, la sobreprotección de la familia hacia la gente discapacitada la suele hacer mucho más vulnerable ante situaciones a las que eventualmente tendrán que enfrentarse fuera del núcleo familiar. Muchos de ellos son personas que quieren ser independientes y valerse por sí mismos, pero los primeros obstáculos que encuentran son la falta de confianza de la familia y el miedo que ésta suele transmitirles.
–Si hay algo de lo que me arrepiento en mi vida, es el haber tenido miedo para asistir a una escuela y seguir estudiando –comenta Olga.
–¿A qué tuviste miedo? –pregunté.
–A las burlas de los demás –respondió.
La misma Olga explica que es la sobreprotección familiar el primer rasgo de discriminación que se puede recibir, pues a las personas que tienen alguna discapacidad no las alientan a ser autosuficientes y las subestiman por sus condiciones físicas, lo cual las limita y las hace sentir menos.
La infancia de Olga tampoco fue nada fácil desde que ella recuerda. Nació en la ciudad de México y es la última de cuatro hermanos. La situación económica de su familia también fue precaria, pues a pesar de que su papá siempre trabajó, su sueldo a penas y era suficiente para enviar a todos a la escuela, pagar los pasajes y la comida.
Otro golpe duro fue el no recibir mucho apoyo de la figura paterna: “cuando yo nací mi papá se fue de la casa, no entendió que yo tenía una discapacidad. Me platica mi mamá que mi papá le decía que me dejara. Fui la última de sus cuatros hijos, vio que a mis cuatro meses yo no me sostenía, me caía, me tenían que dejar con almohadas.
“A los cinco años me operaron y mi mamá siempre se levantaba a las cinco de la mañana conmigo para llevarme al hospital. No recibió ningún apoyo por parte de mi papá para acompañarla.”
El tabú de la educación sexual
Carlos había preparado unos videos para mostrarme en la computadora que tenía sobre la mesa. Se trataba de una entrevista que les hicieron a ambos para el programa del Canal 11, “Diálogos en Confianza”, mismo al que asistieron. También participaron en un programa de televisión elaborado por la Universidad Pedagógica Nacional, en donde su testimonio fue escuchado atentamente. En esas dos ocasiones, Olga y Carlos asistieron para hablar de sexualidad, pues como mostraban las cápsulas audiovisuales, eran un ejemplo para demostrar a la sociedad que las personas con discapacidad física también pueden tener una vida sexual.
Junto con una terapeuta profesional, Olga y Carlos también han dedicado parte de sus vidas a ayudar a otras personas con discapacidad para orientarlas en diferentes aspectos, incluyendo en la educación sexual.
Ambos explican que el machismo, los roles familiares, la condescendencia y los mitos sobre la discapacidad son otro gran obstáculo para las personas que la padecen. “Mucha gente cree que porque somos discapacitados no sentimos ni tenemos deseos sexuales, y esa es otra forma de discriminar”, asegura Carlos. Él mismo recuerda con enojo aquella vez que conoció al papá de una joven con discapacidad que orgullosamente decía: “yo por eso ya mandé a mi hija a operar (para que no quedara embarazada), por si la violan”, dando por hecho que es una situación que ocurrirá en algún momento. Carlos consideró esto como una doble discriminación, por un lado al justificar una violación, y por otro lado la esterilización sin el consentimiento de la persona con consciencia propia.
Al tabú de la educación sexual le sigue el de la procreación y el embarazo, pues erróneamente se piensa que los padecimientos físicos de una persona discapacitada pueden ser heredados a su descendencia. Esta afirmación no es del todo falsa, pero sí imprecisa, pues sólo basta un poco de información para saber en qué casos esto pudiera llegar a suceder y en cuáles no. Desafortunadamente, la mayor parte de nuestra sociedad aún está lejos de interesarse por una problemática como ésta.
La Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) –institución gubernamental– identifica las siguientes formas de discriminación: poca o nula accesibilidad a edificios públicos, conmiseración de otras personas, falta de acceso a espacios educativos regulares, exclusión social y marginación de actividades recreativas, entre otras. No obstante, en ningún momento se habla abiertamente de la discriminación sexual, ni de la falta de educación en este mismo ámbito.